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“Die Dorfschule von 1848” Obra de Samuel Albrecht Anker, realizada en 1895-96

Análisis y reflexión de una obra, por la Artista Plástica Pamela Martínez Rod

Muchas veces las imágenes que pertenecen a la historia del arte actúan como ventanas al pasado, nos permiten cuestionar nuestro presente por medio de la comparación de dos realidades similares separadas por el tiempo. Es el caso de la llamada pintura costumbrista movimiento que se dedicó a observar con gran dedicación el entorno social del que formaba parte el artista.

Este movimiento pictórico significó un cambio de enfoque sobre lo que era importante y digno para ser pintado. Si la gran historia del arte occidental se había dedicado por tantos siglos a temas tan alejados de la realidad cotidiana como la pintura religiosa, los retratos de las familias reales y paisajes exóticos y románticos, con el costumbrismo se produce un cambio radical de interés hacia la realidad popular, fiestas y tradiciones, la vida sencilla del entorno rural y la observación del estilo de vida sencillo de sus habitantes: los niños, los campesinos, los ancianos. El hombre inmerso en su vida cotidiana es ahora tratado como el gran paisaje a observar, analizar y describir por medio de la pintura.

De este modo el pintor Albert Anker se dedicó a retratar y describir las costumbres sociales de su país en el siglo XIX, siendo por ello considerado como el pintor nacional de Suiza. De especial interés para el artista era el mundo doméstico de los niños, quizás haciendo eco del aumento de interés internacional por la infancia de finales del siglo XIX. En esta época los derechos de los niños empezaron a considerarse como algo necesario e ineludible para una sociedad que se estaba industrializando y que usaba a los menores como fuerza de trabajo en varios lugares del mundo.

Sus pinturas reflejan el desarrollo de la educación en Suiza con el que estaba muy familiarizado por el trabajo que realizaba en una escuela. Anker estaba profundamente comprometido con los ideales que afectaban al sistema educativo suizo, consideraba que aprender por juego era sumamente importante, por ello sus pinturas, de alto realismo, reflejan el nuevo método educativo e innovador de la época que incluía el juego como parte fundamental de la crianza y la educación.

Por ello el análisis de su obra cobra importancia hoy, 170 años más tarde, ya que nos invita a reflexionar sobre la educación actual. En la obra titulada La escuela del pueblo 1848 (1896), vemos un aula de clases donde un profesor enseña a un grupo numeroso de niños. Vemos como esos niños están inquietos, distraídos y en suma la poca naturalidad de un sistema educativo vertical y jerárquico donde sólo uno tiene el rol de comunicar y en el que los otros deben escuchar pasivos. A pesar de que no es difícil percatarse de esta desarmonía, este sistema educativo es el que sigue imperando en casi todos los sistemas educativos mundiales tanto básicos, medios como universitarios. El formato, a pesar del tiempo, ha cambiado muy poco y demuestra lo antinatural que puede resultar para niños y jóvenes el actuar como receptores de una información moldeada y repetitiva. Dos aspectos más llaman poderosamente la atención en esta imagen, la mayoría de niños por sobre el número de las niñas, que en total no suman más que ocho, y el hecho de que ellas se encuentran sentadas –y muy atentas a la clase- en la periferia del aula separadas de ellos.

Afortunadamente, aspectos como este se han ido superando poco a poco en la escuela tradicional, con la proliferación de las escuelas mixtas y la proporción más igualitaria entre niños y niñas.

Ante el gran debate actual sobre cómo debe abordarse la educación, esta imagen nos recuerda la naturaleza juguetona e inquieta de los niños y Anker nos muestra en otras pinturas cómo los juegos son parte del crecimiento y del aprendizaje en la infancia. Pero por sobretodo, Anker nos deja de manifiesto que la infancia, la educación y los juegos deben ser una temática y preocupación fundamental entre los adultos, y como parte de la historia y del arte deben ser observadas minuciosamente y continuamente revisadas.

 

Pamela
Martínez Rod

Es artista, madre, Diseñadora Gráfica por la Universidad Católica de Valparaíso, Doctora en bellas artes por la Universidad de Barcelona.

“La ciudad como soporte de las condiciones naturales”

CAMBIOS DE PARADIGMA.

… Desde el lugar en que hemos anclado, la vista es preciosa. la ciudad se alza al pie de una cadena de colinas bastante escarpadas y que tienen cerca de 1,600 pies (480 metros) de altitud. Debido a esa situación, Valparaíso no es sino una larga calle paralela a la costa: pero cada vez que un barranco abre el flanco de las montañas, las casas se amontonan a uno y otro lado. Una vegetación muy escasa cubre esas colinas redondeadas y los lados rojo vivo de los numerosos barranquillos que las separan brillan al sol. El color del terreno, las casas bajas blanqueadas con cal y cubiertas de tejas…

Charles Darwin en Valparaíso, 23 de Julio 1834

LAS TRANSFORMACIONES EN EL PAISAJE DESPUÉS DE 178 AÑOS.

La descripción darwiniana, corresponde a la primera descripción moderna de su geografía, una geografía recorrida por tanto experienciada. La descripción de la bahía de Valparaíso es precisa respecto de las condiciones preexistentes al desarrollo urbano previo a la entrada en vigencia de la Revolución Industrial hacia 1854, una ciudad que se reconoce por sus condiciones naturales.

La cadena de colinas escarpadas corresponde al farellón costero, con el cerro alto el puerto de 512 msnm.

El barranco de origen tectónico es nuestra mal distinguida quebrada, como señala cada vez que perpendicularmente se proyectan hacia las terrazas la población se organiza en torno a ellas.

Los barrancos son el acceso a los cerros y el primer eslabón en el proceso de desarrollo urbano, que sigue el itinerario del barranco-ladera-cima, posteriormente el mismo principio permitirá construir la accesibilidad a la cuenca del Gran Valparaíso.

 

LOS CAMBIOS DE PARADIGMA EN TRES SIGLOS.

Las revoluciones científicas según Kuhn (1970) son episodios de desarrollo no acumulativos donde un paradigma antiguo queda sustituido total o parcialmente por otro nuevo e incompatible con él.

a) El paradigma naturalista. Comprende e interpreta las condiciones naturales; estas ponderaciones permitiendo interactuar con el medio directa- mente para la extracción de sus recursos. Las teorías darwinianas, en principio interpretadas como “evolución”, transitaron hacia la “variabilidad, donde el hombre selecciona las variaciones que le ofrece la naturaleza”. Primero la condición geográfica abrupta expuesta al norte permite adaptar un puerto natural, expuesto al norte protegido al sur; las vertientes por su parte aportan agua retenida y el bosque nativo de las quebradas, los dendroenergéticos; un intercambio de energía suficiente para el desarrollo de la habitabilidad original, previa a las transformaciones de la revolución industrial.

b) El paradigma higienista. Construido sobre la necesidad de resolverle a la ciudad sus condiciones sanitarias. Las doctrinas sansimonianas proliferaron en Valparaíso, se pro- mocionaba una ciudad “más igualitaria”, debido a las disparidades activadas por las transformaciones de la revolución industrial temprana en Valparaíso. Las tesis topológicas insistieron en la necesidad de ocultar el problema bajo la prescripción de “profilaxis urbana”: las quebradas o barrancos de Valparaíso, su invisibilidad y también sus condiciones naturales, soterradas son testigos de la proliferación de la contaminación y acumulación de pasivos urbanos ambientales sistemáticos.

Las revoluciones de las tesis bacteriológicas generan el abandono paulatino de la condición higienista de Valparaíso, dando lugar al predominio moderno-desarrollista, como proyecto nacional republicano post centenario.

c) El paradigma moderno desarrollista. El desarrollo moderno-desarrollista imperante durante gran parte del siglo XX (1928 en adelante), se sostiene en el avance de las ciencia y tecnología que hace ver la capacidad antropológica de controlar los destinos de los entornos, domesticarlos y usufructuar de ellos. El territorio transformado en sólo un soporte. El movimiento moderno que le acompañó redujo la ciudad a las funciones de vivir, trabajar, esparcir y circular. La máquina sincrónica con el tiempo del hombre, aje- no al tiempo de la naturaleza, su capacidad de asimilación y de recuperación de las convenciones antrópicas desarrollaron un valor sobre la obra construida, descuidando e ignorando la obra de los sistemas naturales y de la vida. En Valparaíso los sistemas naturales pasaron al olvido, a la ignorancia, al des- cuido, al abandono hasta transformarse en ruina y manifestar- se cómo “riesgos”.

d) El paradigma ambientalista. El discurso científico en construcción, apoyado sustantiva- mente por las evidencias del cambio climático, la invisibilidad de los sistemas de la vida y la capacidad de observar en ellos la gestión de una única sostenibilidad posible. El cambio de paradigma que instalamos en Valparaíso es: “la ciudad como soporte de las condiciones naturales”. Evidenciar, cuidar y desarrollar es la única sostenibilidad posible para la “restauración de sistemas”.

CUENCA DEL ESTERO DE MARGA MARGA, DEL CAUCE AL DRENAJE.

Los territorios que sufren de una escasez de ecosistemas urbanos y periurbanos son más vulnerables frente al cambio climático y tienen menor capacidad de asegurar el suministro local de los servicios ambientales esenciales para mantener la salud, seguridad y calidad de vida de sus habitantes. (PNUD 2015)

De desperdiciar a retener, es la convención necesaria para reactivar los espacios de la vida en la bahía de Valparaíso. La bahía de Valparaíso junto a la cuenca adyacente, como unidad ambiental tiene un comportamiento como una cuenca geográfica unificada, donde todas sus hoyas hidrográficas se proyectan sobre la bahía homónima, gran parte de ella habilitada hoy como infraestructura portuaria.

Cauces o emisarios, embancamiento y su obligatorio dragado, son efectos de los fenómenos de origen contextual activados por sus cuencas hidrográficas, presentes en Valparaíso como barrancos.

Los sistemas naturales tratan de mantener su condición original, a pesar de las innumerables alteraciones infraestructurales, su respuesta para el hombre son los “riesgos” y los desastres como consecuencia.

Bajo circunstancias histórico-sociales, las referencias culturales han evolucionado cambiando los paradigmas que aseguraban la satinización del entorno posibilitada por los recursos y conocimientos tecnológicos hasta principios recientes de sostenibilidad referidos al necesario entendimiento contextual e integral de los fenómenos territoriales.

Mantener y no reconocer los sistemas naturales hace vulnerable las condiciones urbanas como parte de ella. La ciudad y su contexto natural sistema y necesitan instalar un principio de sostenibilidad en donde la ciudad y el contexto se transforman en el soporte de las condiciones naturales de su desarrollo.

Los sistemas de urbanización e infra estructuración no han considerado esta necesidad, disminuyendo la capacidad de retención del subsuelo, generando evacuaciones libres, sin posibilidad de absorción o retención de la necesaria humedad para la proliferación de las condiciones naturales.

La acción como resultado se expresa en procesos erosivos acentuados, inundaciones de los sectores planos de la ciudad, menor humedad relativa y escasa posibilidad de proliferación de las condiciones naturales, y como colofón una transformación severa de los principales elementos configuradores del borde costero como sistema de interacción, donde playas, dunas y estuarios se ven modificados.

Las precipitaciones en Valparaíso están concentradas entre junio y agosto. En los últimos 40 años, es en este lapso de tiempo donde se han concentrado el 90 % de las precipitaciones que como promedio no han superado los 380 mm.

Las precipitaciones concentradas refuerzan las eventuales crecidas y acolmatamientos de los cauces trasladando cargas desmedidas y de difícil distribución (corriente predominante) a través de la bahía de Valparaíso.

Las obras de infraestructuras y de arte, han tomado el principio de la “evacuación”, por sobre cualquier necesidad de infiltración acentuando las condiciones y torrentoso con los impactos predecibles.

Consideraciones para un cambio de paradigma respecto de las cuencas y sus aguas:

a) El subsuelo meteorizado es el embalse dentro de la bahía de Valparaíso, y es fundamental para el manejo de sus condiciones naturales.

b) Restituir la humedad, permitirá la restauración de las condiciones naturales.

c) La Humedad es el acelerante de los procesos de intemperismo, necesario para la descomposición del granito, material que libera el cuarzo como principal elemento del borde costero.

d) Además la humedad relativa alta disminuye considerablemente las posibilidades de proliferación de incendios forestales.

e) Las aguas confinadas evitan las inundaciones superficiales, regula el gasto y activa las aguas de vertientes, necesarias para reactivar la vida.

f) El transporte regulado de los sedimentos con consecuencias favorables para el puerto y la bahía de Valparaíso, es posible en cuanto este se mantiene en forma constante en su flujo pues tracciona y mueve el sedimento hacia las desembocaduras.

g) Desarrollos de los Sistemas Urbanos de drenaje sostenible (SUDS), son necesarios y urgentes.

h) Restauración urbana de equipamientos y espacios públicos, y proyección reciproca borde ciudad y ciudad borde como infraestructuras verdes.

i) Restaurar la vida de los corredores preexistentes y revitalizarlos con parches equidistantes

 

Luis Álvarez Aránguiz

Director Instituto de Geografía PUCV – Magíster en Urbanismo. UCH – Licenciado en Historia PUCV

Profesor de Historia, Geografía y Ciencias

Agua domesticada

Por ahí un profe de taller en la Universidad nos dijo “el agua no hay que detenerla, el agua hay que dirigirla”. Cada invierno, y a la más mínima lluvia, sentado frente al televisor, vemos en las noticias y en uno que otro matinal, como la ciudad de Santiago colapsa, poblaciones inundadas de aguas servidas, pasos bajo nivel más parecidos a piscinas urbanas, sistemas de transporte interrumpido, autoridades de turno en terreno, noteros buscando la mejor cuña, el carro que transporta al peatón por un módico precio.

Inevitablemente al ver estas imágenes la pregunta que nos hacemos es. por qué? ¿por qué de nuevo?  de quién es la responsabilidad de que esto pase? ¿del privado?  del público? ¿Acaso de las autoridades?  mal diseño? ¿mala ejecución? ¿Eventualidad climática? Nos enfrentamos a un quiebre entre lo artificial (la ciudad) y lo natural (el fenómeno climático), una falta de diálogo, un gallito que constantemente gana la naturaleza.

¿Pero qué pasa en Valparaíso? Un buen ejercicio que cada porteño debiese hacer, especial y específicamente en estos días de lluvias, como una manera de tomar y tener conciencia (y, en el mejor de los casos, hacernos cargo) de lo que pasa en nuestra ciudad, es hacer el recorrido de las aguas lluvias, como estas caen sobre nuestras cabezas desde lo más alto de los cerros hasta llegar al mar, considerado las aguas que se drenan en el terreno, la que se encauza en las grandes bóvedas de las quebradas y que no vemos, las que emergen de los colectores cuando colapsa la ciudad y que las volvemos a ver, la que corre por nuestras calles, la que baja por las escaleras haciendo que nuestros pasos sean cuidadosos e inseguros, laderas, la que se aposa en las depresiones del pavimento haciendo que nuestros pasos sean largos y cortos, la que se junta entre la vereda y la calzada y que a veces se acerca en forma de ola cuando algún auto pasa velozmente por ella, la que no nos permite cruzar de vereda a vereda sin aplicar un salto de bajada y uno de subida, la que genera socavones o aluviones, interrumpiendo la circulación de peatones y autos.

Es bien sabido que Valparaíso tiene una historia, un patrimonio geográfico que no solamente significa una división territorial, sino una manera de habitar con el agua. Valparaíso, en tanto ciudad, se fue construyendo en su relación con el agua, domesticando sus quebradas a partir del encauce natural de las aguas, construyendo una suerte de trama de bóvedas, cuya función es devolver naturalmente al mar el agua precipitada, historia de la cual se ha escrito mucho… pero qué pasa puertas adentro, qué pasa con nuestras casas, qué pasa con nuestro refugio. A otra escala, no urbana, pero no menos importante, también hay un recorrido del agua desde que cae en el techo de nuestra casa, o golpea en la fachada de esta, recorrido del que sí tenemos responsabilidad directa, del que sí podemos intervenir directamente, tanto del que la diseña como del que la padece.

Por oficio, en el ámbito de la vivienda social, me ha tocado ver diariamente como tantos arquitectos hay (incluido), tantas maneras de relacionarse con el agua, de domesticarla, hacerla llegar al suelo naturalmente o en algunos casos brutalmente (algunos como clavadistas olímpicos otros como el mejor guatazo de piscina plástica), para luego ser absorbida por este, dirigida hacia otro lugar (el vecino por ejemplo) o en el peor de los casos ingresando a nuestras casas, en forma de la tradicional gotera cuyo destino último será un balde, una olla o una toalla. ¿Nuevamente nos preguntamos por qué?

Es interesante, darse una vuelta por los cerros tradicionales de Valparaíso, “los turísticos” y reparar en los detalles constructivos de las antiguas casas de Valparaíso, no solo como definición estilística, compositiva, muy buena para la foto, sino que alejándose de toda estética, solo para ver cómo se hacían cargo de la gota de agua; hojalaterías, corta goteras, canales y bajadas de aguas lluvias, alfeizares, formaban parte del recetario constructivo de estas, de cuando se construía con materiales y no con productos.

Hoy en día, lamentablemente, es realmente escaso ver la utilización de estos elementos o detalles, la eliminación del pliegue del doblez que dirige o gasta la gota en la construcción de las viviendas, la búsqueda de la forma, del estilo o de una extrema abstracción por sobre la función, el ahorro económico, la calidad del diseño no debiese depender del costo asociado (no se ahorra en perejil), hace que estas al igual que nuestras ciudades colapsen a la menor lluvia.

Me imagino que después de hacer el recorrido y que para evitar que esto suceda en nuestra ciudad o nuestras casas, la idea es que cada uno se haga cargo, vecinos, técnicos, autoridades, en su competencia, en su escala y ojalá coordinados de no detener el agua, sino que de dirigirla, como dijo el profe esa vez.

Pablo González Zavala

Arquitecto – Universidad de Valparaíso. 2007, Derecho Urbanístico PUCV. 2017

Fundador de TALLER 986, Oficina enfocada en el desarrollo colaborativo e interdisciplinario de proyectos de arquitectura de bajo costo, pertinentes en su emplazamiento urbano y carácter público-social.

Agua Lluvia

Poco sabemos que la campaña para pavimentar los barrios de nuestras ciudades surgió hace un par de décadas principalmente como una iniciativa medioambiental que buscaba reducir la polución. Eliminar la tierra, el polvo y el barro parecía en aquel entonces el principal objetivo, siendo hoy principalmente valorada por la capacidad que tiene de dotar a los habitantes de accesibilidad hacia las grandes conectividades.

De manera más silenciosa, el desarrollo y perfeccionamiento de los proyectos de pavimentación ha contribuido también a generar soluciones de aguas lluvias que tienden a conducir las aguas a sumideros conectados con el sistema hidráulico de la ciudad.

De este modo, el escurrimiento superficial de las aguas lluvias encauzadas hasta su soterramiento, pensado de un modo ideal, decantará en algún colector que llegará hasta el mar y la trayectoria del agua de cerro a mar y de plan a mar responde y se finaliza.

“Los romanos están orgullosos de nosotros.” Lo cierto es que en la Región de Valparaíso aún existe un déficit de pavimentación que genera que las áreas urbanizadas no estén exentas de la motivación natural del agua de buscar la superficie en aquellos lugares donde no se haya tomado una medida para resguardar su trayectoria. Esto dificulta alcanzar un resultado limpio y seguro de canalización, y también nos recordará que el agua actúa por propulsión y gravedad obligándonos a pensar en nuevas maneras de comprender su curso.

Es así como no está de más, por cierto, buscar alternativas a la pavimentación en la recuperación medioambiental de espacios naturales de drenaje y encauzamiento del agua, las quebradas aún subsisten en la ciudad urbanizada y son un ejemplo para aquello.

Valorar la quebrada desde su función en el territorio, permitirá darle al agua un espacio tranquilo por el cual circular y le otorgará al ordenamiento de la ciudad un recurso para mitigar los riesgos de desborde.

A su vez, se debe tener en cuenta que el agua no solo puede ser conducida, también puede ser recuperada y reutilizada. De ahí que sacar ventajas de su escurrimiento por gravedad y potenciar el sentido hidráulico para generar recursos sostenibles sea también una profundización que el sentido medioambiental de mirar la quebrada debe tener.

Sin embargo, con la baja del caudal que han presentado las quebradas en las últimas décadas, estas han sido invisibilizadas en la trama urbana, generando de este modo, la proliferación de viviendas informales en estas áreas, cuestión que ha persistido en ciudades como Valparaíso y Viña del Mar creándose áreas de vulnerabilidad social y ambiental.

Por lo descrito, el recobrar la quebrada y darle un valor medioambiental agregado no es solo un desafío de la ingeniería, requiere además de una intervención integral que considere todas las variables y todas las tuiciones. En muchas ocasiones la hiper-actuación normativa que existe en un territorio restringe y desalienta las ideas de intervención por parte de las instituciones y de la ciudadanía organizada, lo cual puede ser superado si se trazan objetivos comunes que definan los recursos que queremos proteger y en qué tipo de ciudad queremos vivir, que de seguro será en función de valorar la quebrada, valorar el agua que por ella escurre, alejarnos de los riesgos ambientales y habitar una vivienda segura.

Es así como el agua naturalmente escurre, naturalmente los habitantes del territorio deben reconocer que, si los recursos son cuidados y preservados mejorarán su calidad de vida, con cada vez menos intervención del hormigón.

Belén Paredes Canales

Socióloga Universidad de Valparaíso. Magister en Urbanismo Universidad de Chile.

Desde el año 2010 profesional del Sector Público en el ámbito de la Planificación urbana, vivienda y proyectos de ciudad.

El agua se convirtió en vino

Análisis y reflexión de una obra, por la Artista Plástica Pamela Martínez Rod

Considero que algunas obras artísticas nos ayudan a reflexionar, de un modo nuevo, sobre temas sociales y políticos latentes, que en nuestras conversaciones cotidianas han quedado rezagados. Muchas realidades a las que estamos acostumbrados son cuestionadas por los artistas mediante sus obras, este es el caso del grabado titulado “El agua se convirtió en vino”, del artista porteño Christian Carrillo.

Todos sabemos que el agua es fundamental para la vida humana y que sin ella no podemos vivir. Nuestros antepasados comprendían que el agua no sólo era dadora de vida, sino que era vida en sí. En la cosmovisión mapuche el agua es sagrada, es energía y es una savia –Ñuke- por la cual existimos todos los seres vivientes.

De este modo el agua también uniría a todos los seres humanos tanto por estar formados en gran parte de ella como por necesitarla para vivir. Sin embargo, nuestra mirada urbana está centrada no ya en las interpretaciones espirituales o filosóficas del agua sino más bien en las económicas.

No nos parece igual el agua del mar, que el agua potable ni el agua presente en el paisaje, como la de lagos o ríos, de la procedente de la lluvia, ya que la diferenciamos por su pertenencia y por el uso que le damos. Es en este sentido que Christian Carrillo nos habla del agua, de aquella que (mal)comprendemos como un bien de consumo.

En el grabado de Carrillo leemos “el agua se convirtió en vino y el vino se convirtió en agua y luego el agua se privatizó, el agua, Vi-no, se privatizó la vida. El agua se convirtió en vino y el vino se transformó en agua y luego esta se privatizó”. El artista nos quiere hacer pensar en esta problemática actual: el cambio desde la concepción del agua como un derecho esencial de las personas y un bien colectivo, hacia un concepto de bien económico que tenemos más que asumido con todas sus consecuencias humanas y medioambientales.

La técnica usada en esta obra es el hueco grabado, técnica que marca a presión las letras para reconocerlas gracias a su volumen y que configuran el texto descrito. Carrillo dice que el agua no es representada en la obra como el elemento que conocemos, sino que, de un modo abstracto, a través de lo incoloro y lo transparente de ella, como cualidad visual que configura la obra. Además, con el juego de palabras, Carrillo relaciona el agua con el vino haciendo referencia al primer milagro de Cristo en las bodas de Caná.

Como en un bucle el artista nos señala al agua como origen del vino y a éste del agua y como fin último la privatización, también como un milagro, pero absurdo, algo que ha ocurrido sin más, como consecuencia natural del capitalismo.

En la experiencia chilena de privatización, el agua, un recurso abundante pero desigualmente repartido en nuestro país, se ha transformado en una anhelada mercancía que en su mayor parte ha sido comprada por multinacionales extranjeras que nos la venden a nosotros mismos: aquí comprendemos el juego de repetición-bucle sin fin- del texto de Carrillo.

En su estudio sobre el agua, Sara Larraín señala la importancia para los países de resguardar el derecho al agua como un recurso básico para la vida. La autora indica que para rediseñar las políticas que han conducido a la privatización del agua en Chile deben incluirse tanto los planteamientos dados por los pueblos originarios, como la participación de la sociedad civil; re-definiendo este recurso como un derecho humano básico y un bien colectivo, para poder considerarlo al fin como fundamental para la vida de las personas y del planeta; y por lo tanto, “inalienable y no mercantilizable”. Es de este modo que la obra de Carrillo nos invita a replantearnos nuestra comprensión sobre el agua para exigir los cambios y así salir de este bucle financiero insensato.

La obra de Christian Carrillo posee un código QR que enlaza con un vídeo que es parte de la obra, les invito a verlo y a conocer más de la obra de este artista en su página web: www.ccarrillo.cl

PamelaMartínez Rod

Es artista, madre, Diseñadora Gráfica por la Universidad Católica de Valparaíso, Doctora en bellas artes por la Universidad de Barcelona.

Comunicación digital para ciudadanos tecnológicos

Chile país de catástrofes naturales y no tan naturales. Nada nuevo en lo que digo, pero si muchas iniciativas por implementar y adoptar. Y no me refiero necesariamente a última tecnología. Debemos trabajar la cultura comunicacional en instancias de emergencia.

Un poco de contexto reciente: La semana del 24 al 28 de abril en el gran Valparaíso y centro del país vivimos momentos intensos debido a una seguidilla de sismos que gatillaron nuestras reacciones. Las de autoridades y organismos, pero también las de los ciudadanos. Que para este caso son las que me interesa abordar.

¿Qué es lo primero que hacemos una vez sorprendidos por una catástrofe?

Según la Subtel el lunes 24, día del sismo de mayor intensidad (6,9 Richter) los llamados telefónicos superaron con creces los generados en año nuevo. Esto generó el casi inmediato colapso de las redes de voz pues usan muchos recursos y las antenas privilegian este tipo de comunicaciones.

Por otro lado, los SMS es un canal poco probable que colapse. De hecho, si no se logra enviar, el mensaje queda en espera hasta que el canal se libera y logra llegar a destino. ¿Somos tan digitales como decimos ser?

Si estamos en un mundo tan digitalizado ¿por qué no usamos canales digitales como prioritarios para estas instancias?

Como el cuestionamiento debe partir por casa. debemos cada uno tomar conciencia sobre qué canales son más efectivos para darles el uso que corresponde y de paso benefician a la comunidad en general.

Pues dejamos que las redes sean usadas por los organismos de emergencia. Independiente del canal que nos genere aparentemente mayor certeza a la hora de comunicarnos debemos optar por la tecnología más efectiva.

Entendiendo que esa efectividad no está necesariamente dada por la inmediatez de escuchar la voz de nuestro familiar al otro lado del teléfono.

Entonces si dejamos de lado los dos extremos de los canales SMS por un lado y llamadas de voz por el otro ¿Dónde quedamos? En canales digitales. Donde las aplicaciones de uso diario juegan un rol fundamental.

Facebook, Twitter, Whatsapp que, en escala de uso de ancho de banda debemos tener presente que los mensajes de texto serían los más efectivos en lograr una comunicación en caso de colapso temporal de la red y usaría menos datos. Luego son los mensajes de audio que se comportan de manera similar en caso de redes colapsadas, pero aumentan el uso de datos y finalmente las llamadas entre aplicaciones solo podrán funcionar en caso que las redes lo permitan en el momento de realizarlas.

¿Cuán en serio nos tomamos los desastres?

No se si tendrá que ver con la cultura resiliente pero si tengo claro que una cosa es adaptarse a las dificultades y otra muy distinta es tomárselo a la chacota.

Aunque sabemos que en Chile un temblor de 7 grados y un poco más sigue siendo temblor y todo sigue normal. Todos corremos a nuestras redes sociales favoritas para dar nuestra estimación, ser los primeros en decir lo obvio y reírse un poco porque si algo hemos hecho bien en Chile son las normas de construcción antisísmicas.

Lo que sí me sorprendió es cómo los chilenos “subimos al columpio” a Facebook y su funcionalidad de “Safety Check” que habilita en países que estén pasando por una catástrofe o emergencia. Esta funcionalidad permite a los usuarios indicar su estado y solicitar algún tipo de ayuda u ofrecimiento de esta. Solo se muestra gente con “hambre de sushi”, se ofrece alojamiento para personas con características físicas específicas y un sin fin de chistes e invitaciones o solicitudes a carretear.

¿Qué sucede a nivel institucional?

Las instituciones deben estar preparadas para las emergencias. Esta preparación se materializa con protocolos de comunicación para emergencias y es en las redes sociales donde deben estar presentes para interactuar.

 

Maximiliano Martin Maureira

Diseñador Gráfico PUCV, Fundador de IDA, Consultora de experiencia de usuarios www.ida.cl

La Amabilidad del sismo chileno

Si aceptamos a la ciudad como la expresión del deseo del ser humano de vivir en comunidad, el que se materializa desde la revolución agrícola, momento en el que se logra producir la gran cantidad de recursos que se requiere, podemos suponer que la cooperación entre las personas es la que hace deseable agruparse en la urbe.

La cooperación se da entre las personas que componen la ciudad intercambiando bienes y protegiéndose de enemigos humanos y animales.

Sin duda hay externalidades negativas, como son el hacinamiento, enfermedades y otras que si bien son amenazas, no logran hacer cambiar al hombre de opinión y persiste en su gusto por la ciudad.

Pero también existen amenazas de otra categoría, las de “fuerza mayor”, las que no puede evitar el ser humano, estas son los desastres naturales entre los que contamos Terremotos y Tsunamis.

El planeta Tierra guarda distintas amenazas para el ser humano. Los terremotos, en su mayoría, se concentran en el “Cinturón de Fuego del Pacífico”, que es toda la costa que rodea dicho océano. Aquí se concentra el 90% de los sismos del planeta. También existe una zona de importante sismicidad en el norte de India que “choca” con Asia y un conjunto de sectores del mediterráneo oriental incluyendo Italia, Turquía e Irak.

Los maremotos en su inmensa mayoría, se desarrollan en el Cinturón de Fuego del Pacífico, Chile con su larga costa está expuesto a tsunamis y en su historia se registran importantes tsunamis como el de Valparaíso (1730), Valdivia (1960), Puerto Aysén (2007), Cobquecura (2010) y Coquimbo (2015).

En Chile hemos aprendido a construir ciudades que soportan en buena forma los terremotos, pero tenemos un sesgo natural, lo que no está bien edificado se cae y lo perdemos como punto de referencia. Tenemos un buen comportamiento general de las estructuras y por sobre todo exhibimos un número menor de muertos cuando sufrimos los embates de un sismo de gran magnitud.

Tenemos suerte, nuestros sismos son fuertes, tienen gran cantidad de energía y podemos ufanarnos de ellos, pero felizmente la forma en que se suelta esta energía es lo suficientemente gradual como para que no sean tan destructivos como en California y Japón, donde con terremotos de menor magnitud, por el hecho de liberar gran parte de la energía bruscamente en un impulso muy corto es que son mucho más destructivos que los gigantes y amables sismos chilenos.

De los Tsunamis nunca sabremos mucho en Chile, y esto por una razón muy sencilla, Santiago no tiene costa, y por ello no se estudiarán con tanta profundidad. Sí, la ingeniería antisísmica también es centralista. Pero también sucede que los Tsunamis son fenómenos menos recurrentes que los terremotos, por lo que es más fácil estudiar estos últimos y de hecho seguimos haciéndolo, de manera de que nuestras ciudades sigan siendo nuestra forma segura de protegernos, cooperando entre nosotros.

 

Luis Adolfo Della Valle Solari

Ingeniero Civil Estructural P.U.C.

Gerente General Luis Della – Valle & Asociados LDVA: Cálculo Estructural Proyectos de Viviendas, Industriales y Edificios Habitacionales y comerciales a lo largo de todo el país. – www.ldva.cl

La señal, la señalética y la señalización

Enfrentar la realidad inmediata que genera un desastre natural es y será un tema complejo, básicamente porque la reacción natural y espontánea abarca una serie de áreas de nuestra persona y actúa simultáneamente impactando lo fisiológico, lo emocional, lo cognitivo y lo social.

Así entendido, el plantear cualquier acción preventiva y de seguridad ante la ocurrencia de un tsunami debe ser abordada considerando los factores antes mencionados.

El caso particular de la señalética presente en nuestras ciudades, utilizada y normada internacionalmente, parece desconocer la naturaleza compleja de nuestras reacciones y reduce su intervención a la incorporación de una serie de señales convenidas dentro de un sistema de señalética “correcto” y un plan de señalización aún no resuelto.

En este ámbito, la tarea a realizar desde el diseño no se reduce solamente a darle forma a la señal en cuanto signo o gesto que nos informa o avisa de algo. El foco debe estar puesto en el empeño de darle sentido y elocuencia a la imagen que sustituye a la palabra escrita, allí es donde debemos poner el énfasis puesto que la alarma y la alerta ante la señal queda condicionada por el cómo estoy, cómo me siento, cómo pienso y cómo me organizo ante el peligro y cómo percibo que la señal me ayuda en esto.

Considerar los rasgos anteriores al parecer es un tema ausente cuando analizamos la señalética en uso hoy en día, la que claramente obedece a convenciones, pero estas aún no son fácilmente interpretadas y reconocidas en su función por parte de quienes debemos sentirnos guiados y protegido por ellas.

La señalética que vemos en nuestras calles usa un sistema comunicacional que traduce las señales a símbolos icónicos, lingüísticos y cromáticos, el que debe necesariamente responder a un programa de diseño previamente elaborado que permita la adecuada relación funcional entre los signos de orientación en el espacio y el comportamiento de los individuos.

La experiencia de la última alerta de tsunami en Valparaíso y el proceso de evacuación asociado a ella nos muestra precisamente una brecha entre lo esperado de un sistema de señalética y señalización y lo que finalmente ocurre cuando nos enfrentamos a él en una emergencia.

La señalización para comportarse de manera efectiva debe considerar la natural reacción multidimensional de nuestro ser ante una situación de emergencia, ante los aspectos fisiológicos se deben definir patrones de tamaño y legibilidad de estas señas, los aspectos emocionales nos refieren a la búsqueda de la sensación y situación de seguridad configurada por la claridad de la ubicación relativa entre la zona de peligro y la zona segura.

Desde lo cognitivo resulta evidente que el valor debe estar puesto en señalar una clara orientación, un recorrido evidente y una pronta accesibilidad a la zona segura, todo ello bajo el criterio de seguridad en los desplazamientos. La componente social condiciona el comportamiento colectivo, tanto así que en ocasiones el seguir a la mayoría tiende a reemplazar el grado de verdad que deben comunicar las señales.

 

Este enfoque nos permitirá definir entonces un sistema que cabalmente cumpla con una serie de características que permitan definirlo como apropiado. Apropiado según la percepción de lo adecuado y reglado internacionalmente y apropiado desde la dimensión en que el habitante de nuestro borde costero lo haga propio.

Analizando la señalización en esta doble concepción es que se debe destacar el sentido autónomo que debe tener como sistema caracterizado por la capacidad de regular las conductas y flujos humanos a partir de un código conocido y aprendido por los usuarios, en la efectividad de estos factores reside el primer nivel para entender lo apropiado.

La segunda mirada a lo apropiado recae fuertemente en la capacidad de estas señas de independizarse de las características del entorno y de no influir en él de modo de ser verdaderas señales cuya visibilidad sea pertinente y oportuna en cuanto a secuencias, distancias y ubicaciones.

Es de esto de lo que el diseño debe ocuparse, conferirle sentido a un sistema de señalética cargándolo de elocuencia en su modo y manera de orientar y conducir.

 

Eduardo Abarca Lucero

Diseñador Industrial PUCV, Académico Escuela de Diseño Universidad de Valparaíso

INUNDACIONES COSTERAS EN ZONAS URBANAS. La importancia de la Adaptabilidad en la infraestructura costera

Inundaciones costeras: Un problema en aumento

El borde costero de la ciudades emplazadas en la zona central de Chile está fuertemente intervenido, tanto con infraestructura residencial, como también una gran cantidad de infraestructura vial y servicios. El alto interés por habitar la franja costera ha llevado a una intensa densificación de esta, describiendo un modelo de crecimiento que genera escenarios eventualmente catastróficos al ignorar el potencial destructivo de los fenómenos tectónicos y oceanográficos que la afectan. La zona central de Chile ha sido constantemente afectada en los últimos años por eventos de marejadas, provenientes tanto del suroeste (oleaje predominante) como también del norte, manifestándose con un intenso oleaje generado por la combinación de diversos componentes meteooceanográficos, tales como el viento, presión atmosférica y mareas. Ante estos eventos, las defensas costeras existentes se suelen ver sobrepasa- das, lo cual ha llegado a generar anegamiento de vías, colapso de defensas y últimamente una fuerte erosión de playas.

En los últimos años se ha registrado un aumento conside- rable, tanto en el número de eventos de marejadas, como también en la intensidad de estos eventos. El promedio de marejadas entre 2006 y 2014 fue de 32. El año 2015 aumentó a 45 y posteriormente el año 2016 el número aumentó nuevamente a 56 eventos, siendo el año con mayor registro histórico. Este aumento en frecuencia e intensidad trae consigo un importante desafío para la planificación de ciudades que describen un alto riesgo de inundaciones costeras.

Adaptabilidad

La adaptabilidad es un concepto empleado para señalar posibles estrategias para remediar una situación de vulnerabilidad negativa. Esta define la capacidad de los componentes de un sis- tema para construir resiliencia, con miras a tener una mejor res- puesta ante futuras perturbaciones, reducir daños y permitir una recuperación más rápida en futuros desastres. En este contexto, se entiende la adaptabilidad post-desastre como la capacidad de un asentamiento para reinterpretar el uso del territorio y la infraestruc- tura urbana luego de ser afectados por un evento destructivo. La adaptabilidad estará condicionada a la capacidad de respuesta de la comunidad local, existiendo diversas variables a través de las cuales se puede desarrollar, tales como el trazado urbano, tipolo- gías estructurales y la materialidad. A pesar de la necesidad de una rápida adaptación de territorios o infraestructura afectada, la expe- riencia internacional muestra que la adaptabilidad de escenarios vulnerables ha sido lenta en la mayoría de localidades afectadas.

Estrategias de Adaptabilidad

Las estrategias de adaptabilidad más utilizadas y discuti- das para localidades afectadas por inundaciones costeras, corres- ponden a la protección, acomodación y reubicación de infraes- tructura vulnerable. La protección se lleva a cabo a partir de obras costeras de defensas con el fin de proveer resguardo ante oleaje, entre ellas muros rompeolas, diques y espigones. La utilización de barreras duras para protección es una de las estrategias mas usadas alrededor del mundo. Sin embargo existen diversas problemáticas asociadas a estas barreras defensivas, entre ellas los altos costos de mantención, deterioro y fallas por oleaje extremo, así como cam- bios en los patrones de erosión y sedimentación de costas.

La acomodación es una estrategia que permite la conti- nuidad de uso de infraestructura amenazada, a pesar de los cambios medioambientales. Dentro de las estrategias que acompañan la acomodación se destacan las modificaciones a los instrumen- tos de planificación territorial, elevar pisos, generar franjas libres de construcción, cambio en uso de suelos, mejoras de drenajes y elaboración de planes de evacuación. La modificación de los ins- trumentos de planificación territorial destaca como la acción que mayor impacto podría tener dentro de un territorio debido a que permite modificar el crecimiento y uso de la ciudad en referencia a sus amenazas naturales, sin embargo, esta acción toma un prolongado tiempo en materializarse, por lo cual deben ser consideradas como respuestas a largo plazo.

La reubicación es una estrategia de adaptabilidad a esce- narios riesgosos que involucra el abandono de áreas de alta vulnerabilidad, y una posterior reubicación en zonas altas con baja o nula vulnerabilidad.

Dentro de las estrategias de adaptabilidad existe también el concepto de multiprotección, entendido como una sumatoria de medidas de adaptabilidad, tanto para edificaciones, como para el trazado urbano. Esta estrategia podría incluir, entre otras, el uso de barreras de mitigación artificiales y naturales, adaptación de edificaciones y estructuras, restricción de uso de primeros pisos, evitar las zonas residenciales en zonas de inundación, y la incorporación de estructuras de evacuación vertical, las cuales aún no han sido implementadas. Una estrategia de multiprotección para una zona costera de uso intensivo podría contribuir significativamente, ya que un sistema de protección multifuncional tendrá mayores posi- bilidades de absorber perturbaciones sin alterar sus funciones.

Mas allá de estas estrategias, se considera una comunidad adaptada al riesgo de inundación aquella donde se educa a sus habitantes sobre estos riesgos y se toman diversas medidas para salvaguardar tanto la integridad de los habitantes como de la in- fraestructura. En este sentido, nuestras autoridades están llamadas a generar no solo modificaciones a los instrumentos de planificación, sino que también a generar programas que eduquen a la sociedad en materia de riesgos. Esto no solo aplica para las comunidades costeras, sino que para todo el territorio nacional.

Felipe Igualt Jara

Inundaciones costeras: Un problema en aumento

El borde costero de la ciudades emplazadas en la zona central de Chile está fuertemente intervenido, tanto con infraestruc- tura residencial, como también una gran cantidad de infraestructu- ra vial y servicios. El alto interés por habitar la franja costera ha lle- vado a una intensa densificación de esta, describiendo un modelo de crecimiento que genera escenarios eventualmente catastróficos al ignorar el potencial destructivo de los fenómenos tectónicos y oceanográficos que la afectan. La zona central de Chile ha sido constantemente afectada en los últimos años por eventos de mare- jadas, provenientes tanto del suroeste (oleaje predominante) como también del norte, manifestándose con un intenso oleaje generado por la combinación de diversos componentes meteo-oceanográfi- cos, tales como el viento, presión atmosférica y mareas. Ante estos eventos, las defensas costeras existentes se suelen ver sobrepasa- das, lo cual ha llegado a generar anegamiento de vías, colapso de defensas y últimamente una fuerte erosión de playas.

Los últimos años se han caracterizado por la alta recurrencia de eventos de marejada en las costas de la zona central de Chiles. Estas inunda- ciones afectaron tanto la infraestructura pública, como mobiliario urbano, residencias, automóviles y turistas. Solo en lo que va del año 2017, se han registrado más de 20 eventos de marejadas.

En los últimos años se ha registrado un aumento conside- rable, tanto en el número de eventos de marejadas, como también en la intensidad de estos eventos. El promedio de marejadas entre 2006 y 2014 fue de 32. El año 2015 aumentó a 45 y posteriormente el año 2016 el número aumentó nuevamente a 56 eventos, siendo el año con mayor registro histórico. Este aumento en frecuencia e intensidad trae consigo un importante desafío para la planificación de ciudades que describen un alto riesgo de inundaciones costeras.

Adaptabilidad

La adaptabilidad es un concepto empleado para señalar posibles estrategias para remediar una situación de vulnerabilidad negativa. Esta define la capacidad de los componentes de un sis- tema para construir resiliencia, con miras a tener una mejor res- puesta ante futuras perturbaciones, reducir daños y permitir una recuperación más rápida en futuros desastres. En este contexto, se entiende la adaptabilidad post-desastre como la capacidad de un asentamiento para reinterpretar el uso del territorio y la infraestruc- tura urbana luego de ser afectados por un evento destructivo. La adaptabilidad estará condicionada a la capacidad de respuesta de la comunidad local, existiendo diversas variables a través de las cuales se puede desarrollar, tales como el trazado urbano, tipolo- gías estructurales y la materialidad. A pesar de la necesidad de una rápida adaptación de territorios o infraestructura afectada, la expe- riencia internacional muestra que la adaptabilidad de escenarios vulnerables ha sido lenta en la mayoría de localidades afectadas.

Estrategias de Adaptabilidad

Las estrategias de adaptabilidad más utilizadas y discuti- das para localidades afectadas por inundaciones costeras, corres- ponden a la protección, acomodación y reubicación de infraes- tructura vulnerable. La protección se lleva a cabo a partir de obras costeras de defensas con el fin de proveer resguardo ante oleaje, entre ellas muros rompeolas, diques y espigones. La utilización de barreras duras para protección es una de las estrategias mas usadas alrededor del mundo. Sin embargo existen diversas problemáticas asociadas a estas barreras defensivas, entre ellas los altos costos de mantención, deterioro y fallas por oleaje extremo, así como cam- bios en los patrones de erosión y sedimentación de costas.

La acomodación es una estrategia que permite la conti- nuidad de uso de infraestructura amenazada, a pesar de los cam- bios medioambientales. Dentro de las estrategias que acompañan la acomodación se destacan las modificaciones a los instrumen- tos de planificación territorial, elevar pisos, generar franjas libres de construcción, cambio en uso de suelos, mejoras de drenajes y elaboración de planes de evacuación. La modificación de los ins- trumentos de planificación territorial destaca como la acción que mayor impacto podría tener dentro de un territorio debido a que permite modificar el crecimiento y uso de la ciudad en referencia a sus amenazas naturales, sin embargo, esta acción toma un prolon- gado tiempo en materializarse, por lo cual deben ser consideradas como respuestas a largo plazo.

La reubicación es una estrategia de adaptabilidad a esce- narios riesgosos que involucra el abandono de áreas de alta vul- nerabilidad, y una posterior reubicación en zonas altas con baja o nula vulnerabilidad.

Dentro de las estrategias de adaptabilidad existe también el concepto de multiprotección, entendido como una sumatoria de medidas de adaptabilidad, tanto para edificaciones, como para el trazado urbano. Esta estrategia podría incluir, entre otras, el uso de barreras de mitigación artificiales y naturales, adaptación de edifi- caciones y estructuras, restricción de uso de primeros pisos, evitar las zonas residenciales en zonas de inundación, y la incorporación de estructuras de evacuación vertical, las cuales aún no han sido implementadas. Una estrategia de multiprotección para una zona costera de uso intensivo podría contribuir significativamente, ya que un sistema de protección multifuncional tendrá mayores posi- bilidades de absorber perturbaciones sin alterar sus funciones.

Finalmente, para tener una adaptación positiva e integra- da de la zona costera ante futuras inundaciones, no se debe romper la relación directa que existe tanto física, como visualmente con el mar, sino que se debe trabajar en una relación en que las barreras de protección se integren a las opciones recreativas, productivas, comerciales, entre otras. Por su parte, las modificaciones estructu- rales en edificaciones, como alzar los primeros niveles o cambiar la materialidad, permitirían tener una mejor preparación y respuesta de las edificaciones ante futuras inundaciones costeras, lo cual in- cide en la disminución de víctimas y daños dentro de la comunidad afectada.

 

Felipe Igualt Jara

Arquitecto PUCV. 2006

Magister Náutico y marítimo PUCV. 2009

D.ARCH, Doctor en Arquitectura. 2015

Profesor Asociado,
Escuela de Arquitectura PUCV

Investigador sobre efectos de tsunami e inundaciones costeras en zonas urbanas.

¿Esta Temblando?

Estaba sentado en una mesa del San Carlos, con el computador abierto y una cerveza fría, mientras es- peraba a una amiga/clienta, íbamos a revisar los planos de la casa que le estaba diseñando en Limache. A eso de las 19.55 empieza a moverse todo (otro temblor más pienso mien- tras sigo sentado esperando) por un sismo que acá en Val- paraíso se sintió 6.0 en escala de Richter, nada extraño en un país de cultura sísmica, por lo que los comensales que nos encontrábamos ahí, además de mirar el cielo y automática- mente pensar o decir “está temblando”

seguimos en nuestra previa ubi- cación, la diferencia esta vez es que se escuchaban afuera las sirenas que avisan de una alarma de tsunami, no muy convencido salgo a la calle, ya que decidieron cerrar e iniciar la evacuación, una vez en la calle y como a eso de las 20.05 en mi teléfono (en realidad en el de casi todo el mundo) em- pieza a sonar otra alarma, con un mensaje que aparece en la pantalla

“Alerta de Emergen- cia SHOA_ONEMI establece evacuar a zona de seguridad por tsunami”

mientras sigo a la multitud subiendo por las Heras para empalmar con Avenida Colón con dirección a Avenida Fran- cia. Lo de las alarmas generó algo de pánico (colectivo) en la gente que se mezclaba con los autos y locomoción colectiva, mientras buscaban alguna zona segura. de suerte me encuen- tro en la calle con mi amiga, mientras Carabineros nos ha- cen subir por Avenida Francia , algunos seguimos por Baque- dano caminando por un par de minutos hasta casi llegar a calle Latorre.

Luego de esperar un rato, mirando la ciudad desde lo alto,

de lo que uno creía que era una zona segura, y no sin antes bus- car un lugar donde sentarse y hablar sobre la casa, iniciamos retirada, algunos volviendo al plan otros por los cerros, algu- nos caminando, otros tratando de tomar micro o un colectivo para ir a casa.

A través de estas imá- genes vivenciales quiero tener un doble acercamiento, a la re-

lación Terremoto/Tsunami,

uno como ciu- dadano porteño, otra como Arqui- tecto,

como quien vive la ciudad y como quien diseña la ciudad. ¿Cuál es la pregunta que tene- mos que responder los arquitec-

tos frente a estos fenómenos de la naturaleza? Luego de haber vivido una infinidad de temblo- res y uno que otro terremoto y con potenciales tsunamis, creo que la escala de intervención no se restringe a un mero dise- ño de vivienda sismo resistente o antisísmica, slogan muy ocu- pado por algunas inmobiliarias para vender su “producto”, cualquier construcción que se diseñe bajo la norma, cumple con esta condición, por lo que no es un valor agregado. Debe- mos pensar cómo estamos pre- parados como ciudad para dar cabida a una mega evacuación,

no solo establecer zonas seguras, sino que diseñar espa- cios públicos que puedan asegurar esta doble función,

como nuestros edificios públi- cos pueden acoger a poten- ciales damnificados, donde establecer nuevos proyectos de vivienda.

La experiencia con el Plan Maestro de Reconstruc- ción Sustentable para la ciudad de Constitución Post Terremo- to y Tsunami 27F, es un claro ejemplo de una intervención a distintas escalas, donde se ge- neraron proyectos de infraes- tructura, edificios públicos y espacio público, proyecto de transporte y vivienda y princi- palmente, cómo proteger a la

ciudad de futuros tsunamis.

Demostrando la im- portancia de la par- ticipación ciudadana, del sector privado y las instituciones pú- blicas en la genera- ción de la pregunta.

Pero ese, es un tema

de voluntad y coordinación. Historicamente ha existido una disociación entre los distintos actores a nivel de voluntades y autonomía, en la toma de deci- siones y generación de proyec- tos. Hoy en día en Valparaíso está sucediendo un fenómeno de participación ciudadana, de

una ciudad

que reclama

por sus

derechos o

sus problemas

sin resolver,

transporte, vivienda, seguridad, espacio público, etc., fenóme- no que se vio reflejado en su máxima expresión en la elec- ción de un Alcalde Ciudadano.

Es ahí donde los ar- quitectos debemos actuar, en las reales necesidades de la ciudad, en la identidad de Val- paraíso, en la relación publica privada de nuestro borde coste- ro y principalmente coordinar a

los distintos

actores para la

generación de

un proyecto

común y único.

Reconociendo esto, podremos definir cual es la respuesta más allá de sus condiciones técni- cas.

En Constitución entre la ciudad y el Mar, colocaron un bosque para disipar por fric- ción la fuerza del agua y ade- más solucionar el problema de acceso al mar como espacio público ¿…y por qué acá colo-

camos un mall?

 

Pablo
González Zavala

Arquitecto
Universidad de Valparaíso. 2007 Derecho Urbanístico PUCV. 2017 Fundador de TALLER 986, Oficina enfocada en el desarrollo colabora- tivo e interdisciplinario de proyectos de arquitectura de bajo costo, perti- nentes en su emplazamiento urbano y carácter publico-social. Coordinador Técnico Equipo De Re- construccion MINVU en catástrofes Terremoto 27F(2010) e Incendios 14F(2013) 12A(2014) y 2E(2017).